sábado, 28 de noviembre de 2009

Las primeras nieves...



Jamie Cullum 2005.




http://www.youtube.com/watch?v=pOHFnA8e_rc



Estoy saboreando una copa, uno de esos tragos que uno da en la distancia, resolviendo de golpe las mil dudas que te surgen, compartiendo esa sensación de ambigua mejoria que te produce la soledad.

La llamada de Carlos me ha dejado pensativo. Se situa en la linea de la mortal e incesante propagación de lo que son lo rumores mas comunes, pero me alienta en la necesidad de profundizar por la manifiesta incomprensión que me produce su relato.

Me cuenta sin poder concentrarme demasiado en su conversación, que permaneció inmóvil, sedado y convulso interiormente gracias a la medicación recibida en urgencias. Su manera de temblar, al parecer, la de siempre, esa vulgar manera en la que el cruza las piernas y traquetea desde la punta del pie en un movimiento de pianista nervioso o de piloto de rallies, había inquietado a su vecino de abajo hasta el punto de intentar averiguar que ocurrria. La cuestión ahora era saber como había llegado hasta la puerta de urgencias en singular situación.

No me dio casi tiempo a dejar las maletas en el suelo. Ni siquiera me dio tiempo a desenvolver la sonrisa que todavía mantenía después de esos cuatro perfectos días de ilusiones, música, paseos, lluvia e imaginación. Divagar entre los recuerdos es un bonito ejercicio de locura que realizo a menudo, aunque me prevengo para que las solitarias imágenes no se desenvuelvan a tal velocidad que me creen una vida mentirosa donde poder residir largas temporadas escondido en una fantástica novela sobre la capacidad de sobrevivir. “El que todo lo puede…” ya no puede mas. Y sonó el teléfono.

Parece que Carlos había colocado las pastillas encima de la mesa del salón, esa que tanto le costó encontrar con Laura. Era de perfectas proporciones con respecto a la alfombra Persa que coloreaba y daba calor a esos casi treinta y cuatro metros cuadrados. El día que decidieron inundar su vida de colores conocieron a Said, un inmigrante iraní huido de la revolución de los Ayatolaes. Nada que ver con comprar, sino con sentarse a charlar frente a los ojos perdidos de un niño de 43 años hablando de sus calles, su tierra, el lugar donde los juegos ahora son prohibidos, el sitio donde su infancia quedo enterrada. Y claro, la alfombra se fue a casa. Una no, dos. Preciosas. Y la mesa baja de cuatro patas en madera envejecida también. Era verdosa tirando a gris con un retablo original en el centro bajo un cristal que la protegía del paso del tiempo. Un detalle de cualquier puerta saqueada en algún país perdido de un oriente olvidado y negado de no ser por estos detalles que nos devuelven, colores, olores, sensaciones de un bienestar diferente, y nos ubican un mapa de la vida muy distinta a la de los libros de geografia..

Me contaba Carlos casi sin aire en los pulmones, con la respiración acelerada que colocó las pastillas por colores, tamaños, y formas en un delicado cuadro de tamaño reducido para una perfecta simbiosis con los bordes del cristal de aquella mesa.. Una rosa, otra roja y blanca ( el atleti siempre en el corazón hasta el final como parecía que era el caso…) blanca, azul y una última fila de moradas... ummm las mejores. Según me dijo no le importaba demasiado los nombres pero si los colores y los tamaños. Puso su música favorita ( Jamie Cullum Everlasting Love) y se situó ante su pasado como si fuera una colección de diapositivas , las paso una tras otra, lagrima a lagrima, palabra a palabra, roto por los sucesos que se situaban uno tras otro en la misma orilla de su perfecto devenir. Y así llego la idílica estación de la vida: un rumor lejano al final de la realidad, un bullicio sordo adueñandose de las palabras y los cuadros del que fuera su hogar tan solo unos meses atrás abandonandole a su suerte.

...Parecian figuras y colores desnudos, ambiciosos y desfigurados motivos que jamas podré explica con esa sensación de impavidez y tranquilidad, paz y solidez en los recuerdos que me inundó por completo. Era volar sin alas, jugar a los sueños perdidos en nuestra vieja habitación, donde confundiamos las notas de la guitarra una y otra y otra vez hasta las tantas de la madrugada y soñábamos aquellas canciones que solo tocábamos por el placer de escuchar, por el sentimiento perdido hoy de cantar por cantar…. .

Carlos y su deseo de Forever Young. Su casa de General Ricardos 111, el principio de una vida donde habian puesto tantas ilusiones. Alli nació su primer hijo, y alli tocabamos las viejas canciones que hoy se ocultan en la funda robada de aquella guitarra.

A mi espalda, viven esas seis cuerdas que de vez en cuando provoco con el ánimo de que no se oxiden. Las notas son aquellos perdidos recuerdos que hoy me hace repasar Carlos con sus cosas.

La casa esta fría, los nidos han desaparecido de repente de los árboles. El invierno se acomoda día a día entre estas cuatro paredes. Las manos me tiemblan en el teclado. Ha nevado en la sierra. El dinero no llega para tantas facturas, pero las palabras se amontonan y me abrazan. Hay esperanza. Otra vida es posible. Mi camino se ha despejado, veo tantas caras conocidas, tantas manos que se inclinan ante mi con el ánimo de levantarme de nuevo…. ¡Vamos allá!

Me voy a recoger a Carlos. Las urgencias estarán a tope. Es como los centros comerciales: si hace frío, si llueve, aquello se llena. ¡¡¡¡Que parque de atracciones, dios mio!!!! Que caras, cuantos desconsuelos, cuantas miradas perdidas, cuantos sueños rotos…

¡Vámonos de aquí Carlos, vámonos!. Me debes una copa, sin pastillas por favor, amigo de mi alma. ¿No entiendes lo mucho que te necesito? Ahora no me puedes dejar, ahora no Carlitos, cabrón….

El frío es una preciosa sensación que nos recorre por completo. La última tontería le ha hecho sonreír. Nos vamos a comer. La vida nos volverá a provocar, pero sabremos torearla una vez mas.

Mañana es lunes. Buen día para empezar de nuevo.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Las Uvas






New Moon Soundtrack

http://www.youtube.com/watch?v=3TxDn1EMk8A



Creía que el otoño se había perdido entre el sol del verano y el gélido frío que impera a las horas en las que escribo. Pero como la rutina se abraza a mi con desconsuelo, como las tareas pendientes y las llamadas sin responder se esconden en el ambiguo lugar de donde nada sale y todo se esconde, como mi cerebro es distraído por no decir fugaz, gris, triste y discipular, me he dispuesto a pasear entre las delicadas sombras de las hojas caídas por la noche, como por obligación. Esta claro, es otoño. Esa estación limpia y romántica por donde se deslizan las notas sordas de unas hojas caídas sin rumbo aparente. Y los pasos, muy míos, los que sin pensarlos me sostienen y me llevan perdidos en la distraída elocuencia de un devenir sereno y fugaz.

¡Me dice Lucia por el chat que porque madrugo tanto!.


No puede creerse que el sueño divague por mi habitación hasta minutos antes en los que ella se dispone a entrar en la ducha para comenzar un nuevo día. Ese día empezó hace muchas horas para mi, entre largas conversaciones donde perderse solitario por la red, entre síntomas de deficiente alegría con los que distraer a los amigos, que como yo, disfrutan un ratito en la noche para entretener la voz muda que trasladan a esa impersonal pantalla desde donde nos comunicamos.

Somos muchos entonces los que llamamos compañera a la soledad. Ella nos habla, y sentimos una sensación de bienestar cuando nos regaña, cuando en la ausente presencia de la nada, se atreve a levantarnos la voz al descubrir que los lugares destinados a los recuerdos están demasiado desordenados, demasiado a la vista, amontonados en el baúl de los desvelos, y nos hace asi sentirnos un poco mas acompañados, no demasiado solos. O cuando ve que la melancolía no está en su sitio y nos la recoloca, murmurando de manera ininteligible, esas frases que suenan a reproches por desordenar la vida sin el rigor propio de nuestra edad. Ella es así, compañera, dolorosa mentira, aislada promesa, fiel y escogida, cariñosa y distante.

Lucia quiere que salgamos este fin de año. Quiere que nos alejemos en un viaje de esos de último minuto a cualquier lugar donde nadie nos conozca y podamos reír y llorar frente a las miradas enrojecidas por el alcohol de otros parroquianos desvalidos en la intrínseca vida que nada tendrá que ofrecernos esa noche tan vacía y mentirosa..

Sonaran 12 campanadas como siempre- le dije a Lucia-. Y después un abrazo hipócrita con el tipo de barba al que odiaste todo el año y ha decidido sobarte a la 12 y dos minutos ese 1 de Enero, o quien sabe si la señora de jovial sobrepeso, vestida de rojo chillón, a la manera de “Con faldas y a lo loco” se abalanzará sobre ti para decirte aquello de : “ que este sea vuestro año pareja”.

Ni que decir tiene, que no me pondré a explicarle que no somos pareja, que nos perdemos en el tiempo como campesinos sin tierras a donde nadie nos ve, a donde nadie nos conoce, para no pensar que en realidad nadie tiene ni la mas minima intención de saber donde estamos. Somos esas almas gemelas que un día se miraron y se dijeron: ¿hay algo mejor? .

En fin, a todo esto, ella lleva tiempo pensando irse una larga temporada a cualquier parte . Sus disciplientes convicciones no le dejan respirar y quiere dar el salto, hacerse atea de pensamiento y costumbre, dejar de creer en todos esos dioses que le prometieron la gloria y luego, una mañana de luz primaveral le dieron mil excusas, mil perdones, mil “espero que la vida te vaya bien” miles de “cuídate mucho”. En definitiva, miles de “ya no te quiero” al menos como tu quieres que lo haga. -Necesito tiempo para pensar Lucia- le dicen con voz acomodada y distante, con esa voz que suena a profunda verdad y no deja de ser otra sucia mentira mas. En definitiva, para pensar que a la vuelta de la esquina les espera su otra vida. Los que me dijeron “ jamás te mentiré” de esos hay que huir como de la pólvora – dice Lucia- esos te arrancan las entrañas y después tu seras la culpable de sus hipocresías.

Lucia se acongoja por el terremoto que supone para alguien decirle eso ( fijate tu..) , y deja de pensar en ella, y la vida se organiza, sin que tenga un segundo de opinión ni participación. Simplemente pasa, y camina sin dejarse ver, y vive sin dejarse vivir.

Hasta que una mañana cualquiera, con el olor a café en su cocina, se conecta al chat y me dice que me quiere, así, sin más excusas ni explicaciones. Y que si me parece que las 12 uvas nos las comamos juntos, y que la vida nos regale mas tarde una noche de pasión, dolor o trastorno mental de inconcebible diagnostico, como lo hace tantas noches, en tantos lugares de inoportuna salud, a las que tan acostumbrados estamos ambos

Yo le he dicho que no. Ni siquiera se porque lo hago. Ni porque me niego a mi mismo una y otra vez seguir viviendo.

Llueve, y las palabras se borran de la imaginación.

Llueve, hace frío, y el sol es un engañoso distraído que quiere asegurarse de que el dolor a su lado es mas calido, mas real, y mas mortal.

Llueve sin querer. Doce sin querer. Vida sin saber.

Las uvas, Lucia, las uvas… yo este año le quiero decir al destino que no juegue conmigo. Este año me revelo, me alejo de los abrazos vacíos, de los estúpidos deseos de paz, de las atragantadas bolitas que no hacen mas que joderme y tener la sensación de que en una de esas me ahogo fijo. Además, estas cosas se hacen para deleite y sonrisa de la familia, los hijos etc… y yo de eso, esa noche no voy a tener…. . Y luego el abrazo. Primero a mi chica: No tengo. Luego a mis hijos: No estarán conmigo ¿Desde que lugar oculto de la razón puedo asimilar este Feliz 2010 entonces?

Lucia, el 31 de Diciembre en la última campanada querré morirme, y la vida volverá a no tener sentido. Y esto, esto tampoco lo olvidaré. Tu no te mereces este fracaso. Nada tiene que ver contigo. Además yo pensaré en el árbol, en las mil felicitaciones en forma de mensajes que recorrerán el mundo, en los millones de “ te echo de menos…” “ Algún día mi amor…” etc, etc…. y este estomago mío, no lo va a aguantar

Pero si estamos cerca, me fundiré en tus brazos, mas bien me caeré entre ellos y te diré tantas cosas, que seguro, al día siguiente, no recordaremos mas….

Y sigue lloviendo sin querer.

Sigue la vida sin saber.

Y sigo escribiendo hasta doler… .

Y las uvas…. Y sigo escribiendo hasta doler… .

Y las uvas….

martes, 24 de noviembre de 2009

Romeo y ....



 









"Muerte, que has sorbido la miel de sus labios, no tienes poder sobre su belleza”

Romeo y Julieta ( William Shakespeare )

Film by Buzz Luhrmann ( 1996)






Esconderme nunca ha sido una de mis mejores armas. A veces el miedo dista mucho de ser un enemigo frontal que nos induce a la compañía por el temor a ser castigados. A veces la inseguridad se convierten en pretéritos donde escabullir las dudas y reconocer las derrotas entre amargos lugares donde respondernos en soledad.

No me refiero a ti princesa. O quizás si. Las dudas y los silencios me oprimen en este cuarto oscuro que tantos vómitos me provoca, que tanta nostalgia me estimula. Todo prohibido. Todo pasto para los sicólogos, y los aprendices de agoreros, que al final, por más que me soliviante, aciertan en sus previsiones. Pero quizás esto sean pequeñas batallas, y no estén concibiendo que la vida no sea ni una guerra, ni una farsa.

A veces el dolor se adueña de mis huesos y los paraliza. Ahora, algunos días, me produce carcajadas ese tembleque constante que no puedo parar. Otras, mi agonía me origina un malestar disyuntivo contra el que no puedo luchar, y me meto en la cama durante dos minutos, que parecen seis horas, y me levanto sin fuerzas, y la vida se estrecha como si se fuera a terminar.

Te miro a lo lejos, por la mirilla oculta de mi desilusión, te miro incapaz de contener mi alérgica disciplina por las palabras. Escribo tu nombre para borrarlo mas tarde, y así contradecir a los días, y así desorientar a los susurros que en mi saturada soledad se atreven a decir, se atreven a soñar.

Huelga decir que canto fatal, que cuando grito eso de ...Alicia sin ciudad..., se me encoge el alma en busca de tu mirada. Suele ser en el coche, el lugar donde más grito, donde mis sollozos se tornan dramáticos hasta la extenuada sensación de pánico que me producen esas lagrimas encerradas en lo profundo de mi corazón.

Sin embargo me sorprende estar tan serenamente dispuesto a escribir estas palabras, con la valentía que me otorga el apasionado discurso con el que junto las letras en busca de un sentido singular. Quizás el sentido de mi amor, (un amor perdido en la distancia de los recuerdos al que el abandono hizo responsable de esta situación) , sea la causa de mi serena diferencia. Y seguir ausente de los insultos que me propino por ser tan iluso, por acomodarme a la situación como si se tratara de un disfraz en el carnaval de mi vida, por ser la romántica circunstancia de esta decadente entrega por capítulos ante un amor perdido.

Comprenderás que me refugie en los sonidos de aquel tranvía donde tu triste sonrisa se sintió capaz de iluminar los deseos escondidos en la solapa de mi traje. Entenderás que me cautiven tus ojos con la mirada escondida y solitaria que cristalina llenaba de agua nuestros paseos por esas calles empedradas. Sabrás sin duda, que en las noches opacas para los dos, tu abrazo fue mi salvavidas en ese océano de oscuridad que a veces me producen tus palabras.

No me avergüenza decirte, hablarte, escribirte, por mas distraída que tu sombra se encuentre, por mas decidida a no besarme que tu boca se sitúe, por mas olvidado que me tengas a estas horas.

Me atrevo a decir tu nombre, delante de este mundo tantas veces infame que no gusta de este tipo de declaraciones, de este estilo epistolar que a nada, quizás conduce. Pero a mi me llena, gritar y decir, escuchar y sentir, arriesgar y … quien sabe, quizás, perder.

Me atrevo, a decirte, Alicia. Y nada mas.

http://www.youtube.com/watch?v=AU1zJofOY60&feature=related

jueves, 5 de noviembre de 2009

1 de Noviembre


http://www.youtube.com/watch?v=JtxrqQu2prs

Audio CD (July 1, 2002)

Inflatable


~ Bush




Y aunque la memoria es distraída y los recuerdos un ejemplo de lo mismo, me atreví a caminar en silencio por las calles de un Madrid acostumbrado, vestido de un cómico luto con sabor anglosajón. Cuantas caras deformadas por la rutina y el alcohol. Cuanto disfraz de medio pelo, abarrotando las calles y locales de este otoño primaveral que no deja de sorprendernos en terrazas y parques cada noche.


Era 1 de Noviembre. Un día idóneo para vivir y porque no, para morir también.


Es posible convocar sensaciones, buscar en el presente un sentido de peculiar contenido que inunde las horas y los días de algo mas que vulgares síntomas de apatía y rutina. Es posible continuar con una vida basada en la estéril sensación de mentira que componen cada pasillo de esta idónea manera de supeditar los días y las horas a continuos recesos. Distinguir y ser un extinto y profundo despojo de sabiduría sin que a la mayoría le interese si abres o cierras la vida. Estilo tardío en las posturas que revelan cansancio o simplemente la dignidad, que poco a poco se escapa. Y esa mirada canalla, a medio camino entre la dulzura y la clase prohibida en los altos barrios de esta ciudad.


No pasó desapercibida para Carlos esa llamada sin número conocido, ese habitual ya sin fin de numeraciones que ahora acostumbran a lanzar las impersonales centralitas del siglo XXI. Llevaba tiempo disponiendo con quien hablar en cada momento. Pero este no era el caso hoy.


Porque hoy era uno de esos días grises, llenos de luz de otoño y una canción que le gustaba escuchar hasta el final, una de esas melodías que tan solo el se atrevía a disponer. Inflatable de Bush, un grupo cautivo en sus recuerdos, con imágenes vencidas en su retina y abandonadas a la memoria en algún cine, en algún cristal vacío, de cualquier lugar, de cualquier calle, de cualquier vida.


Carlos se sometía discreto a esta ceremonia confusa de las palabras y los actos, pero mientras su mente y sus pasos se dirigían hacia esos días donde la luz lo llenaba todo, donde un roce devolvía de manera milagrosa un minuto de esperanza, la perversa realidad se disponía a actuar de nuevo, con la magia desconsolada de la perdida, con las carencias y el dolor como firme propósito final.


Aunque ¿y si las dudas hubieran podido recortar esos profundos silencios con los que se pasaban tardes enteras sin apenas mirarse a los ojos? ¿Y si las palabras hundidas en el dolor hubieran podido ser el motivo de tanta desilusión? ¿Y si, quizás, los últimos besos ya no le supieran a boca, carne, pasión, deseo, sino a sabor dormido, a desgana, a olvidados parámetros donde recurrir cuando no hay nada más?


Laura estaba fuera ese fin de semana. Viajó a Córdoba con su compañía de siempre desde hace algo más de un año.


Cuando leyó el mensaje de Carlos no pudo evitar una ráfaga de nostalgia, entre mojitos, y cerveza caliente, entre sudor y olor a mezcla de tabacos y hierbas varias. Y así continuó, entre gritos y palmas en un Puerto cercano llamado Presente que dormía los recuerdos y acariciaba los lamentos con las únicas manos que en ese momento tenía, con la única boca que apagaba su sed en ese lugar. Llevaba tiempo sin ver a Carol. La “ pandilla”, ¿donde estarian ahora? Se pregunto en silencio.


Por un instante pensó que podría haber sido ella. ¿Cuantas veces había reflexionado sobre esa posibilidad en los últimos tiempos? ¿Cuantas veces había soñado con volar y desaparecer y no tener que decir, ni mentir, ni soñar…. Y no ser nada , para volver a ser todo?


Que paradoja. Hacia meses que no sabia nada de Carol. Antes era acostumbrado el café de las 10. Deseaba llegar a la oficina, para ese café y ese cigarro. Carol, José Manuel y los que se fueran uniendo. Esos recuerdos son mágicos. Volver a estar enamorada. Abandonar esa vida cansada donde ser la mujer perfecta, esa vida donde la melancolía era el imperativo y las dudas, y el miedo y las normas de conducta diarias. Mientras que aquí, la frescura, el amor con letras mayúsculas, la distancia de ese torbellino llamado Carlos, la hacia distinta, diferente, valiosa, mas mujer.


Carol era también frescura, era tentación y orgullo de si misma, era fuerza, era pasión Y ahora, pensando en su ausencia, se dio cuenta de que quizás era también necesidad, reflejo de vida, ausencia de quietud, firmeza en las sombras, angustia por vivir.


De repente quiso descansar de si misma. Se negó a enviar tristes mensajes a Carlos, con ese aire de suficiencia similar al de otras personas a las que ella siempre había denostado.


Simplemente no se encontraba entre las palabras “Te quiero”, “Amor mío” “Cariño”, y no sabia como podía vivir en un alambre tan delicado y mortal. Instalarse en la mentira, decidir vivir o morir viviendo sin saber porque ocurría eso.


Y así dejo que la noche se calentara demasiado. O quizás fuera la fiebre y esa garganta que llevaba semanas sin dejarle descansar. Las manos, los abrazos, los besos, surgían de algún lugar escondido, de algún tiempo apercibido por la nostalgia, desinteresado y fugaz. Y esa música con tambores y rumbas, Brasil ¿ futuro? Y ese chico de aquel verano en Tarifa que con la mano “levanta” al pasado le dice adiós…. .

El brillo, las palabras, lo paseos escondidos en la retina, el sabor del agua vencida por la lluvia de esa soledad que se escondía entre sus palabras. Y las caras y las fotografías percibidas de aquellos días. Y el sabor a pasado en los labios… .


Madrid se apagaba por momentos. Los ruidos de los vampiros y las calabazas se escuchaban a lo lejos. Sentía la sensación de querer escapar de esa sensación olvidada de cansancio… la muerte no le sentaba bien.


El ultimo mensaje del día estaba en blanco se lo envió en blanco. Ese pulso que nunca fue capaz de controlar, o quizás en esta ocasión si… . Era uno de esos mensajes que parecen decir “ ponga usted mismo lo que quiera”. Así que Carlos decidió rellenar aquellas líneas en blanco, con un “Te quiero mi amor, que seas feliz. Nos vemos cuando puedas. Me marcho con Carol. Da un beso a los niños. Que seas feliz… .”


FIN:::::::::


Cuando Carlos llamó a Carol para desearle feliz cumpleaños …




Carolina Rodríguez Sur vivió durante años en el centro de Madrid , en su antigua casa, en su antigua vida, esa que no pudo soportar por mas tiempo cuando las sombras fueron su única compañía.

viernes, 9 de octubre de 2009

El secreto de " tus " ojos


TITULO ORIGINAL El Secreto de sus ojos
DIRECCIÓN Juan José Campanella
REPARTO Ricardo Darín, Guillermo Francella, Pablo Rago, Soledad Villamil, Javier Godino, José Luis Gioia
AÑO 2009
PAÍS Argentina






Inteligencia y corazón esa es la mezcla, la perfecta conexión con la realidad y los sueños, el estado perfecto de un vivir que nos cobija firmes sin apenas saber porque.
Laura llamaba siempre tarde. Acostumbraba a dormir a los niños para descolgar el telefono y contarme cualquier cosa. No le gustaban las series de televisión, ella era una serie sin limite de capitulos.
-Tienes que verla, es tu película- me susurro al odio. El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella con Ricardo Darin como protagonista. Sabor a cine, a butaca con lagrimas, a imágenes en blanco y negro, a colores sombríos donde la palabra se hace hueco y retumba en la conciencia… .
Con este reparto – le dije- me abandonaré en el cine a ver que pasa. Pero no me digas nada, por favor, no soporto las películas escritas de antemano.


Laura se paso llorando el resto de la conversación. “Lo importante en esta vida son las pasiones”. Una al menos por la que decantarse, una por la que sentir para seguir viviendo. – Tu tienes tantas…- me repetía una y otra vez.- Yo no tengo ninguna- se decia una y otra vez.
Yo siempre quise ser la pasión de Laura. Aun hoy, me gustaría que ella me sedujera en silencio en la oscuridad del cine, o que una mañana cualquiera, con los coches hacinados en la carretera, desviara su rumbo y se metiera en mi cama. Me consta que a ella también le gustaría pero no le sale. Lo piensa, hace fuerza, pero simplemente no encuentra la pasión en ningún sitio. Sin embargo, al llegar a su trabajo, Jorge la mira con insistencia, le recorre cada centímetro de su negra minifalda y ella no dice nada, ni siquiera mira, pero cuando llega a su despacho, se vence sobre la silla y su estomago se encoje, y un calor despistado le recorre el cuerpo..
José Manuel no la ha llamado desde hace dos días. Solo esos mensajes poco variados de “buenas noches amor”, y “soy un alma enamorada”. Y es que José Manuel se niega a si mismo. Sigue una estela fugaz del que fue el amor de Laura tantos años. Un poeta canalla, apasionado por la música, un tipo de rápidos reflejos que no supo conservar su tesoro mas preciado: Laura. Hoy vaga distraído por las calles, como si la vida se hubiera clavado y el se hubiera detenido, sin mas… . Trabaja y disimula su tristeza en una multinacional americana. ¿Hay mejor sitio donde esconderse de la vida?.
José Manuel compra música, entradas, libros, joyas, es un portento en el rápido arte de las compras, pero me temo que le falta “chispa”. -Si me oyera Laura me regañaría-, pero ella siente que es cierto, que a su vida ahora, le falta un estimulo, una parte de emoción, un espacio singular para la adrenalina. Por el contrario, la paz ha vuelto a su cabeza, la sencillez, los viajes con encanto, un desayuno en el campo, un cigarro después de… en la medianoche, sin mas pretensiones, ni mas sueños que alcanzar a la mañana siguiente. El torbellino se ha ido y ahora reina la tranquilidad, la sencillez y la cordura. ¿Es lo que quiere Laura? No creo que ni ella misma lo sepa. Pero eso ya da igual.


Al día siguiente fui a ver esa película, con una mezcla de soledad y miedo que llenaba mi estomago sin que quisiera ni un bocado mas. Desde el primer acorde hasta el ultimo, desde la primera frase hasta la ultima, desde el balcón ausente de mis sueños vi el espectáculo demoledor de una una narración singular, unos ojos que hablaban, un mirada que cortaba la respiración y el tiempo que se detenía, la risa que provocaba la vida, los personajes que se mezclaban con un mundo figurado donde los sueños no tenían cabida. “-Dejá, haz otra vida- Tenés que ver lo que son los ojos de el, están en estado de amor puro- . ¿Como hizo para aprender a vivir sin ella.?-.
Cada dialogo, cada frase tenía un sentido especial, una dirección singular donde estremecer la figura y desorientar a las previsiones de una vida calculada, sin magia, con improvisación desmedida, donde la cordura tiene un sitio gris y sombrío, un lugar especial donde no cabe la canción de Drexler: “… y sea lo que sea…. “ Y después la locura, el despertar de unos ojos, porque los ojos hablan….


Llame a Laura, o quizás no la llame pero pensé en hacerlo. Quería decirle que la quiero, pero siempre lo dejo para mañana. Siempre prefiero que surja, cuando sus ojos me miren con esa mirada. Cuando su luz ilumine mi camino en la noche distraída, ese día le diré, ¡¡¡¡¡¡ Vámonos !!!!!!! No antes, pues su pasión reside en otro lugar, su amor en otros ojos, su corazón… no se donde estará, pero no está conmigo.

Y así comprendo que la vida es un susurro que distrae los días y las horas para hacernos caminar tantas veces sin rumbo, pero con la esperanza de encontrar algo, que se yo, un amor, una pasión, o quizás el simple y sencillo sabor de un beso.
Yo ahora no pienso en más. Ni siquiera pretendo más. He engordado un par de kilos, y estoy con esas manchas en la cara que tan raro me hacen. Me hace falta un corte de pelo, y uno de esos masajes en la cabeza. Quizás mañana empiece a adelgazar, a cortarme el pelo, y a decirla que la quiero.
Pero me temo que ni estaré mas guapo, ni ella cambiará su mirada por eso.
Así que me tomaré una copa, y esperaré discreto a que sus ojos hablen y con una media sonrisa me diga: ¡Pánfilo!
He llamado a Laura. No contesta. Le pondré un mensaje. Me voy al concierto.



domingo, 27 de septiembre de 2009

Y elmundo se acaba...

Frío, calor, agua, espuma, dolor,

esquinas donde refugiar la inocente perdida,

la delicada estancia donde el amor genera duros y repentinos sonidos en los que descubrir el silencio,

instantes en los que abandonar sin ser vistos… .


Cuando el viento se calle y las sombras se hagan luz,

cuando los desiertos de lugares llenos de ojos vigilantes cierren sus puertas y los segundos sean solo nuestros,

y esos sentidos entre los que nadie palpita

y esos lamentos donde todo se mueve al ritmo oculto de cualquier respiración.

Y el mundo se acaba, y la oscuridad de nuestros labios nos abraza, y el mundo se acaba, y ya no queda nada.... .

lunes, 21 de septiembre de 2009

Perdido y Herido



Tom Traubert's Blues [Four Sheets To The Wind In Copenhagen]

Tom Waits

Small Change 1976







http://www.youtube.com/watch?v=ztGvXVxn0PE




Con la voz rota y el alma descosida por unos días de contradictoria intensidad, perdido y herido, como dice Tom Waitts en "Tom Traubert's Blues", me dispuse a disolver mi vida entre alcohol y otros sedimentos en formas de pastillas. Cuando la adrenalina sucumbe a los días, y las horas se hacen de un papel inconcebiblemente delicado, cuando los ruegos vuelven a tu cabeza sin poder desestimar el diagnóstico de “locura“, de ese cuadro médico en el que se convierte la existencia tantas veces, cuando eso ocurre, lo mejor es meditar, elevar a la máxima potencia los razonamientos inesperados del corazón, y abandonarse a la noticia perdida de aquel telediario donde el presente se puso ante ti gritándote a los ojos para que rompieras con esta mentira.

Como las calles de Madrid se hacían estrechas y Carlos y los demás estaban de vacaciones, como la soledad me atenazaba hasta ahogar cada palabra y resucitar cada sentimiento de absurdo pasado, como el " no me quiere" empezaba a resultar tan grotesco que el mundo giraba y giraba con una cara de cansancio habitual, la vida decidió llevarme de retiro, me alejó de la realidad para poder sobrevivir sin las carencias que me hablaban y robaban todo lo que tenía en este mundo.

Mientras las lágrimas se distribuyeran por los días en el orden adecuado, parecía que la vida iba bien. El problema es, como dice Carlos, cuando todas se unen y forman esa gota fría que inunda el corazón con el peligro de hacerlo estallar cualquier día. Si los diques del amor están bien construidos, probablemente sea difícil que esto ocurra, pero a veces el aluvión es tan grande que los arquitectos son incapaces de preveerlo. En mi caso, la Arquitecta, ni en sus mejores sueños pensó que habría un Tsunami tan brutal en mi corazón..... Ya lo siento!!!

Así acabé ente las sombras de Gredos, junto a personas desconocidas que con la mirada perdida hablaban de tantas cosas, que con el corazón encogido sonreían a las madrugadas en el río, que con la las palabras vacías hacían un complemento ideal que no combinaba con su alma.

Llegué una tarde de Agosto calurosa y reticente. Caminé con la cabeza baja y la media sonrisa de las ocasiones vacías. El dolor era un estado divido entre angustia y rabia. Quizás esa es la fórmula entre amor y odio. Quizás es el significado oculto de las lágrimas, la traducción de la canción que nunca debí cantarle, el cuadro que tarde tras tarde la aburrió hasta despegarla de mi lado.

Y de esta forma, con esta deuda para conmigo llegué a Gredos, con esta y otras muchas, que no saldaré jamás.

Los grandes Gurús de aquel retiro, nos habían preparado una semana de escéptico calvario: juegos, danzas de la locura, profundidad en las manos, corazón en las caricias…Y trascurrieron los días y las horas, entre disfraces y teatros de la vida que representamos a la perfección hasta ser nosotros mismos. Las noches nos devolvían susurros envueltos en risas, conversaciones de pensamientos profundos, canciones, y miradas, muchas miradas que atravesaban nuestros ojos, nuestro corazón, nuestro futuro. Las palabras nos enganchaban con lazos que perdurarán con nostalgia de esas veladas y deseos de siguientes encuentros en playas o ciudades, marcos inconfundibles de nuestra realidad. Las caricias, las fragancias, los sueños y los vértigos en los que nos abandonábamos cada noche, nos fueron indicando el camino de vuelta.

Con los días entendimos, que el mágico traslado de las horas vividas tiene su efecto, tiene su espacio para siempre.

En la despedida, nos fuimos de comida. Ya éramos casi lo que somos, quizás lo que fuimos sin darnos cuenta. Paramos a repostar gasolina para nuestros estómagos en un bar cualquiera, en un pueblo cualquiera, de un lugar cercano.

Decía el cartel: “Motero para que te espero”. No éramos moteros, pero eso sonaba bien. Y nos dejamos llevar por las notas de aquella opera de Pavarotti, y de su Miss Sarajevo con Bono The Edge y Brian Eno. Inconfundible Nessus Dorma de la Callas…, no podíamos más y pedimos el cambio de tercio. ¡Por favor si esto es un garito Heavy! -dijo J entre risas…-. Y entonces, de entre las sombras, de entre bambalinas apareció la estrella de la tarde:

- ¡A ver chavales! ¿qué os pasa? ¿¿¿¿cómo habéis caído por aquí????

Se llamaba Pelikano y la pasión por su casa, por sus cosas me hizo retroceder muchos años, a los tiempos en que mis palabras surgían del estómago para vender fantasía, leyenda, dreamtime etc.…. Nos sugirió recetas de sorprendente exquisitez, recetas de “su” Gredos, recetas de días de sol y paz, amor y desconcierto, de deseo y ternura desacostumbrada.

Coldplay había tocado la noche anterior en Barcelona, y el dolor se mantuvo en estrecha conexión conmigo durante todo el día. Esto no distrajo la atención de palabra y sonrisas varias, hasta que las fotos inmortalizaran el momento. (Barcelona, Coldplay son solo palabras con las que tiemblo al repetirlas… tan solo palabras….)

Y Pelikano se apiadó de nosotros y cambio tercio. Mirándome a los ojos me dijo: - a ver si sabes lo que es esto. Para mí la canción más preciosa…- Con las primeras notas de piano mi corazón dio un vuelco. Con la primera nota de su alma ronca le dije: “Tom Waits…” tantas noches me abandoné a la melancolía y a la sinrazón con esta música…. . . Hacia más de diez años que no la escuchaba, no quise volver a hacerlo porque me atenazaba el miedo y de nuevo la soledad se inspiraba en el dibujo de los días pasados.

Alguien dijo que empezaba a hacer un poco de frío. Aunque las sonrisas seguían inundando cada minuto de nuestra comida todos sabíamos que se acababa el verano, y que la vida en forma de otoño nos esperaba a la vuelta de la esquina.

Me di cuenta de que la realidad podía transformarse con la mirada amiga de unas cuantas personas dispuestas a vaciar su corazón para llenar el tuyo. Y así pasaron las horas… y así pasan los días perdido y herido, pero con una renovada ilusión por ser lo que la vida quiera que sea y disfrutando del segundo siguiente, y luego del siguiente…. Hasta que ella me diga que aquellos ojos perdidos me miran solo a mi…. Lo que pasa es que, ahora, esa vida está enfadada conmigo, y hace ya tiempo que no me habla.

Perdido y herido… pero con mi sonrisa.

martes, 18 de agosto de 2009

Agosto




There Is An Ocean That Divides

SCOTT MATTHEW ( 2009)

El eco de esa puerta fue tan fuerte, se tornó tan brutal en mi cabeza, que rompió mi pensamiento hasta hacerlo pedazos.

Bajé cada peldaño de esa casa, que ya no es la mía, con la intención de dormir, de descansar, por fin, de tantas lágrimas y tantos kilómetros. Salí a la calle distraído, sin pensar ya en por qué si, o por qué no. Empiezo a descuidarme en los cruces demasiado a menudo, a no pensar en si debo seguir por el asfalto, o por las estrechas aceras que no me dicen nada.

Y las palabras son cada día mas inmunes a mi melancolía, incluso los hechos, ya no sólo las palabras. Empiezo a retornar a la ausencia, al no querer saber, a los vacíos tan llenos de síntomas de la rutina que ya no duelen, ni despiertan angustia.

Se nos va el verano,- pienso en voz alta- , mientras tengo absoluto desprecio por la vida con mi coche al borde de los 200.

Llega el frío. Manta y tinta helada para describir aquellos días cálidos y sofocantes de los meses estivales. Escritura esquizoide para relatar las noches y las madrugadas de un periodo de la vida cargado de indefinición. Y las calles tan vacías, buscando entre la inercia una palabra que provoque consuelo, con el miedo divido entre las infinitas sombras, navegando entre las luces de artificio que contaminan este Madrid histérico y silencioso de un Agosto autista y singular.

Se despide la sonrisa de Laura, las trágicas historias de Carlos, el otoño se nos llenará de canciones que nos hablen de cada fotografía y de esos días en los que se nos derritió la pasión, y la locura se adueñó de nuestra cotidiana personalidad.

Será momento, entonces, de recuperar los sonidos y las aprendidas lecciones de los días de piscina y soledad leída en las páginas de tantos libros perdidos, frases que en el limbo sereno se adecuen a nuestra desesperada expresión, noches de cine abrazados hasta el final de la película, para llegar a un adiós miedoso y sintomático, esquivo e inventado.

Las noches vacías de penuria envilecida por las dudas, amor, caricias clandestinas, esperanzas rotas, acaudaladas palabras donde invertimos la tentación prohibida entre sábanas vacías y palabras rotas, entre piernas y susurros, entre lamentos y abandonadas estancias donde el cuchillo se hace hermano de la sangre y el refrán inacabado se torna oscura realidad, donde escupir de rabia a la cara del dolorido presente.

¿Quién es este Scott Matthew? ¿Qué subyace y sobrevive a mi sucia y desanimada cocina tan llena de alcohol? ¿De dónde sale esta y otras músicas? ¿De dónde tantas botellas vacías? ¿De dónde la depresión cuajada de Coca Cola normalizada con Ron?

Escucharé el eco del verano abandonado y melancólico, y me sumaré a la locura de aquel que hace años dejó de ser azul, para hacernos invertidamente mayores.

No dejaré de sentir el retumbar de esa puerta vacía en mi espalda, esa que cada día se hace más profunda e infranqueable. Todavía me enfado y culmino mi desesperanza con esas palabras que no quiero oír en el quicio de la escalera, de esa escalera que ya no me lleva al cielo como tantos días en el pasado.

“Distancia” ¡qué palabra!, ¡qué hecho!, ¡qué eco de locura!, ¡qué vil mensaje de despedida leído entre líneas!. No quiero que Laura me hable de distancia, no quiero que Carlos me escupa sonidos cubiertos de Vodka con la sencilla razón de la distancia. Ya sé, este pueblo a orillas de Madrid, es muy pequeño para los dos. Es muy pequeño para vernos amanecer juntos entre ajuares de cama y cojos rumores de amor.

Forzar a la vida nunca tuvo buenas consecuencias.

Se acaba el verano y Carlos se muere, Laura se va, Olga se ha cansado de mi, Lucas no deja de llamarme… este miércoles quemaremos Madrid, él y yo, sin preguntas, sin palabras, solo quemar, y de madrugada que el camión de la basura se quede con nuestros restos, o nos incinere en otra oscura noche de calor del mes Agosto. Un verano particular. El verano en que ya no estás, el que recordaré en esos días de otoño, de manta, cola-cao y abrazos al vacío.

http://www.youtube.com/watch?v=lAbF2lE9Dnc